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¿Por qué tanto miedo a que la gente opine?

El pilar básico de la democracia consiste en la confianza del sistema en la capacidad de toda persona  de mostrar su opinión. Y, por supuesto, respetarla.

Ortega y Gasset en su obra “La rebelión de las masas” sostenía que quienes mejor pueden decidir lo que nos conviene a todos son las élites, la gente formada en la materia. Del mismo modo que quien mejor puede diagnosticar y tratar una enfermedad es un médico, o diseñar un puente un ingeniero, hay quien sostiene y cree que las cuestiones políticas deben ser resueltas únicamente por aquellos que están “formados” para ello, no por “cualquiera”.

Esta postura elitista y totalitarista, ha estado presente y ha gobernado el Estado español durante décadas y, desgraciadamente, todavía hoy encontramos estructuras ideológicas que asientan su acción política (quizá de una forma más maquillada) en el mismo convencimiento. ¿Cómo se entiende si no los gritos en el cielo sobre la posibilidad de que en la CAV se realice una consulta?

Frente a esta situación, los postulados de izquierda basan su concepción democrática en poner en valor a toda persona, su opinión, su capacidad crítica y considerar un derecho inalienable de la misma la posibilidad de que todo ciudadano/a decida. A todos nos incumben las decisiones políticas, todos tenemos derecho a decidir. La izquierda democrática por encima de todo teme el despotismo, la no-consulta, la perdida de la cercanía entre las decisiones políticas y la voluntad de los ciudadanos.

Por eso algunos echamos de menos una izquierda democrática y real en el Estado Español que abandone sus complejos ante la presencia de las estructuras ideológicas franquistas todavía hoy vigentes. El PSOE está pretendiendo vencer a la derecha en su terreno haciendo dormir el sueño de los justos sus convicciones democráticas de izquierda y con todo ello, está consiguiendo, también, trasladar a la sociedad la noción de que las consultas son perniciosas y peligrosas, que se deben acotar los márgenes de la expresión de la voluntad ciudadana y, en definitiva, pone en duda la capacidad y el derecho de toda persona a decidir.

Yo creo que se debe consultar más, que se debe profundizar en la búsqueda de nuevos canales de participación ciudadana y que difícilmente se puede negar una consulta desde el convencimiento democrático de izquierda. Y tú ¿Qué crees?